El viaje de Panchito
Por Erick Vásquez
Había una vez en el colorido pueblo de Panchimalco, un niño llamado Panchito.
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Aquella mañana, el aire soplaba fresco entre los cerros y Panchito lucía su ropa de tela blanca, muy limpia. Sus caites hacían un sonido alegre al caminar: ¡tac, tac, tac!
Apenas salía el sol, el aroma a maíz ya llenaba la cocina. Su mamá, Nia Chefina, palmeaba unas ricas pupusas de frijol con queso.
—Panchito, hijo mío —le dijo Nia Chefina—, ¿podrías por favor ir a dejar estas pupusas calientitas a tu abuela Tina?
Panchito se puso su sombrero y preguntó:
—¡Claro, mamá! ¿Pero por dónde queda la casa de la abuela?
—Mira allá, donde nace el sol, ese es el Este. Para ir donde la abuela, camina hacia el lado contrario, hacia el Oeste.
—Vas a pasar por la Iglesia de la Santa Cruz de Roma y verás un árbol de Maquilishuat con muchas flores rosadas.
Al llegar a la plaza, Panchito vio la gran iglesia blanca. Supo que debía seguir caminando hacia el Oeste.
¡De pronto, vio caer flores rosadas!
Era el árbol de Maquilishuat. Panchito encontró a la Abuela Tina sentada en su mecedora. Ella lo recibió con un gran abrazo.
—¡Gracias, hijo mío! —dijo la abuela muy feliz—. Has aprendido muy bien el camino. ¡Que Dios te bendiga siempre!
FIN